"Empieza a molestarme la idea de volverte a conocer. Y aunque la náusea me despierte hablándome de ti no habra final feliz, esto se acaba aquí."
lunes, 24 de octubre de 2016
viernes, 21 de octubre de 2016
Fragmentos (II)
"Cuando desperté tenía mucha sed, la garganta reseca me dolía, por lo que necesitaba beber algo con urgencia. Pero sabía que el agua no calmaría mi ajada garganta... Y entonces lo vi; vi a mi pequeño Julien sentado frente
a mí, con el miedo dibujado en el rostro. Sus pequeñas manitas agarraban con torpeza el sucio conejito al que él con cariño llamaba Orejotas, y una enorme lágrima clara estaba a punto de desbordarse por su mejilla. Pero algo llamó mi atención por encima de todo eso... Su sangre. Noté cómo aquel néctar carmesí fluía deprisa por
sus venas, alentado por su acelerado corazón, y no pude contenerme. Me abalancé sobre él, y su cara asustada tornó en pánico. Aquella reacción no era natural en ninguno de los dos: yo era su madre, no debía temerme; y él era mi hijo, ¿por qué sentía aquella necesidad de desangrarlo? No me dio a tiempo a responder. Cuando quise ser consciente, mis dientes acababan de perforar la fina piel de su cuello, y la vitae caliente de mi niño Julen, calmaba la quemazón que inundaba mi garganta; absorbí con sazón hasta la última gota
de su pequeño cuerpo, dejándolo vano, seco, vacío de sangre y vida.
- Arráncale el corazón. Sé que lo estás
deseando. - Oí esa voz tras de mí.
Esta vez no fue una orden, podría
haber ignorado aquella rasposa voz que me incitaba a destrozar el cuerpo de mi niño, pero no lo hice. Sin volver a pensarlo, siguiendo sólo un instinto que había nacido de pronto en mí, introduje mi mano en
el frágil pecho de mi hijo y le arranqué el corazón, aún caliente y palpitante, y embebí hasta la última gota de aquel denso y dulce líquido que otrora había dado vida a mi retoño. Bebí hasta saciarme, hasta que sólo quedó una cáscara de músculo inservible entre mis ensangrentadas manos y un macabro espectáculo a mis pies. A mis espaldas, la voz habló de nuevo satisfecha.
- Bien, mi niña, vas por buen camino."
miércoles, 19 de octubre de 2016
Fragmentos (I)
"Que el tiempo se evapore y mil horas sean pocas. Que las nubes sean testigo mudo y la hierba daño colateral. Que las musas vengan de la mano junto a las prisas y la gasolina en el asfalto huela a despedida. (...)"
miércoles, 21 de septiembre de 2016
Nocte.
¿Qué alberga la noche?
La noche transcurre imparable, ante un silencio sólo roto por los ladridos de algún pobre perro callejero, sin un dueño que lo haga callar y los insistentes ronquidos de aquel que sueña en la habitación contigua.
¿Y qué más? El brillo de una luz titilante que se abre paso entre cortinas y cristales, y el suave reflejo carmesí de un televisor que aguarda en standby.
¿Y qué más? Las sombras proyectadas en penumbra que esperan el ocaso para renacer de la oscuridad y varios pares de ojos cosidos en guata que escrutan el silencio desde lo alto.
¿Y qué más? Cientos de libros usados y por usar, en cuyo interior se esconden miles de personas y realidades que forcejean entre sí por salir a la noche.
¿Y qué más? ... ¿Eh? ... ¿Qué más?
Nada. Nada más. Sólo silencios rotos, brillos titilantes, sombras en penumbra y libros expectantes. Nada más.
Que la noche siga el curso que le deparan las nornas hasta su muerte con el sol. Que nada mañana volverá a tener nombre.
viernes, 16 de septiembre de 2016
Inspiratio I
Russian Red - Cigarrettes
"Porque estoy perdiendo el tiempo, estoy tirando el dinero de nuevo, junto a todos los cigarrillos que nunca he fumado y todas las cartas que nunca he enviado."
martes, 30 de agosto de 2016
Sonido vital.
Mi música habla por mí, habla de mí.
Habla cuando yo no puedo.
Hace que me escuche gente vedada.
Grita por mí.
Suena para mí.
Sólo hay que entender el ritmo.
Sólo hay que escuchar con atención.
A veces tristeza, otras alegría.
A veces motivación, otras sólo vacío.
El que me conoce, lo entiende, me ve.
El que no, sólo escucha melodías.
Por eso, mi vida es música.
Por eso, mi música soy yo.
miércoles, 20 de julio de 2016
Etcétera.
Te agarras con uñas y dientes al flotador que te mantiene a salvo, a lo único que te mantiene con vida; dejas todo tu ser en manos de aquello hace de parapeto entre tú y un acantilado tan alto como letal. Y a mitad del camino, el flotador se pincha, y tú estás hundiéndote, respirando agua negra; y el parapeto se desintegra, mientras vuelas en una caída libre desde el cielo al infierno... ¿Qué queda entonces? La banda sonora de fondo, y un etcétera en el aire.
Canto esto para un cielo hecho todo de metal, hoy que el suelo abre a mis pies
grietas anchas como el mar.
Os querré por la belleza oculta en vuestro interior.
Os querré por la salud que adivina cierta piel gris, cierto aliento agrio...
Ya es de día y se ha instalado aquí el terror.
Nadie a quién amar es nadie a quién dañar, etcétera.
Morirme de sed, mas por una vez nadie muere a mi lado.
Y me pregunto en días como hoy, ¿cuántos son y dónde están?
Y me admira lo capaz que soy de aguantar ad nauseam.
Y contemplo en el espejo las escamas de mi piel. Y rezo para salir de mi pellejo. Y rezo para huir muy lejos de aquí, muy lejos de mí... Piel que torna gris.
¿Qué dirán de mí si me ven así?
Podría llorar... Pero me voy a reír.
Nadie a quién amar es nadie a quién dañar, etcétera.
Morirme de sed, mas por una vez nadie muere a mi lado.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

